jueves 18 de junio de 2009

Las muñecas

Nunca le gustó aquel desván, donde su madre pasaba las tardes. Tampoco le gustaban las decenas de muñecas apiladas en las esquinas, acechándola con sus ojos de botón.

¿Por qué hacía mamá estas cosas? –Se preguntó- me daban tanto miedo de niña, llegue a creer que me hablaban.

Una vez más recorre la habitación con la mirada, buscando un motivo para la afición de su difunta madre, pero sólo encuentra muñecas, más y más muñecas de trapo, algunas tan reales, tan familiares…

Esta noche, puede que se fije por fin en el hilo rojo enredado en su pendiente, que se lo quite con cuidado y tire, y tire, y tire hasta que ya no quede más hilo; hasta que se de cuenta de que se le ha descosido la oreja.


viernes 5 de junio de 2009

Venenos

El vagabundo saborea el exquisito dulce de higos, el bacalao con ciruelas y piñones, el solomillo de cerdo con puré de manzana… Está vez la crema de alcaparras está un poco sosa para su gusto.

-¿Y bien? – dijo el guardia real.

-Psé, las alcaparras algo insípidas, eso sí, el dulce de higos exquisito, me sabe a esas tardes en casa de la tía. Siempre haciendo dulces, esa pobre solterona…

-Llévaselo a la princesa y trae el siguiente.

El mayordomo obedece y lleva la bandeja al comedor real. La princesa mira el plato, que se ha quedado frío por la espera, y traga a disgusto.

El vagabundo sigue degustando un manjar tras otro, es su deber probar lo que va a comer la princesa, por si han envenenado alguno de los platos.

Carrilleras de ternera a la sidra, palito crujiente de boletus, cada bocado podría ser el último, Pana-cotta de queso, Charlotte de frambuesas… y una cereza, una última cereza para llenar la soledad de su garganta.

-¿Y bien?

- No está mal, sabe un poco al beso de aquel verano y quizás, sólo quizás, un ligero toque bromuro.

El mendigo se limpia los labios con la servilleta y se da por satisfecho, a pesar de ser tan pobre ha probado los platos más exquisitos del mundo.

Siente pena por la princesa, tan segura entre sus almohadones de cachemir, siempre rodeada de guardias.

La pobre nunca probará una comida caliente.



jueves 28 de mayo de 2009

Brujas

El cuento de esta semana se lo dedico a Sonia, porque se merece esto y más y porque estoy seguro de que acabará arreglando las cosas. Te dedicaría algo mejor, pero que se le va a hacer, estoy de examenes...


El eco de la radio retumba en el vacío del apartamento. Suena la de: conocí a una morena que tenía la nariz muy chiquitina…

Desenchufo la radio, estas canciones me ponen nostálgico y no puedo permitírmelo, la única causa que lo merece es la partida de Paula, lo que la echo de menos.

Mejor pensar en otra cosa, ¿cómo seguía esa tontería de canción? Eres la gata que ladra a los perros, que asusta con sólo mirar...

Así es Paula: que despedida tan triste, que pena más grande, ya nos veremos. Una gata que corre detrás de un ratón y se pega contra la pared, pobre gata; al segundo ya se le ha pasado y vuelve a putear otro ratón, ¡la vida sigue!


Algún día tendré que recoger sus cacharros: las cartas de tarot, los muñecos de vudú, los ingredientes para pociones… Me recuerdan a esas prácticas de magia que hacía, a los pinchazos que se llevaba el muñeco de mi jefe, a las pociones de amor y a como deslizaba su dedo por mi línea de la vida; preciosa la lectura de manos, mejor que muchos libros.

Luego hizo ese muñeco tan raro con bigote (me afeité ese mismo día), dejo las pociones de amor por las de ojos de tritón y otras porquerías y ya no quería leerme, me tenía muy visto.

Espero que algún día nos aclaremos un poco y nos junte ese destino que tanto le gustaba. Así comprobaré si sigue siendo la chica paseaba por mi mano o si se ha convertido en una de esas marujas amargadas que siempre andan quejándose en bata y rulos, una “bruja” auténtica.

jueves 14 de mayo de 2009

Cigarrillos

-Un paquete de cigarrillos, por favor.

-¿Le vale Lucky?

-No, Lucky es una marca decente, déme la más barata, el tabaco más negro que tenga.

-¿Está seguro? A mi me da igual, pero su salud…

-¿Fumar esto? Ni loco, es para los niños.

Tengo que aprender a callarme, ya es el tercer estanco al que me prohíben la entrada, regalas unos pocos cigarrillos a la salida del colegio y te llaman monstruo.

Peores cosas se han visto, todo esa violencia, todo ese sexo en televisión…

Antes esperábamos hasta el final de la película para saber si había beso, ahora al minuto veinte ya han echado cuatro polvos, una vergüenza, faltan ideas como diría mi abuelo.

Que hombre mi abuelo, un pozo de ideas, lo mismo que de petróleo, el pobre murió con los pulmones llenos de alquitrán, siempre fumando ese tabaco negro de porquería.

Nunca olvidaré ese día en el hospital, lo que me dijo en su lecho de muerte.


-¿Quieres? Dale una calada Pedrito, que tu abuelo te va a enseñar. Coge el cigarro y aspira lo más fuerte que puedas, luego guárdate todo el humo, a ver cuanto aguantas.

Menuda tos, madre mía, casi me ahogo, con lo gordo que estaba de pequeño, no podía ni subir una escalera sin sofocarme.

Que loco el viejo, a saber de donde sacó el tabaco en un hospital, pero que bien le funcionó la idea, no me he acercado a un cigarrillo en años, auténtica fobia les tengo.

Tendré que hacerlo una vez más, por los viejos tiempos, como decía el abuelo: las grandes cosas en estos tiempos se hacen siempre por los viejos tiempos.

En fin: ¡oye tú, el gordito! Ven aquí, ¿no quieres aprender a fumar? Si, como las personas mayores, yo te enseño. Aspira lo más fuerte que puedas, eso es, ahora guárdate el humo…

miércoles 6 de mayo de 2009

Deformación profesional

-Yo no sé nada, yo no sé nada… –cantaba el cubano a ritmo de salsa.

-Entonces, ¿quién me ha movido la moto?

-Yo no sé nada…

Se metió en la garita sin dejar de bailar. El pijo de la moto sabía perfectamente que era culpable, que había juntado las motos en una esquina para que entrasen otras y cobrar nuevas plazas de parking. Pero no replicó. El bailecito le desarmó, no supo como reaccionar. Yo, que acababa de salir del coche, me reí con ganas.

Me acerque a la garita donde descansaba Raúl, intocable.

-¿Ya has vuelto a dejarle mi plaza a otro?

-Lo siento mucho, pensé que hoy no iba a venir.

-Ha habido un cambio de planes. Marta se ha puesto mala y he tenido que recoger al niño del colegio. Está esperando en el coche.

-No se preocupe, aparque en la 107, que hoy está libre.

-Sin problemas, nos vemos Raúl. A, una cosa más, ¿qué tal las vacaciones? ¿Te has traído a otra?

-Dentro de nada vendrá a hacerme una visita, se llama Wendolyn.

-Ya me contarás, que tengo al niño esperando.


Aparqué en la 107 y saqué a Pablito del coche. De camino a casa preguntó

-Papá, ¿de qué hablabas con el señor del parking?

-De cosas de mayores.

-No, papá, dime…

-Bueno… Es algo complicado. El señor del parking, Raúl, es de Cuba. Ha estado casado muchas veces. Engaña a su mujer, le dice que van de vacaciones, y cuando llegan a Cuba la deja allá y se viene con otra nueva.

-¿Qué pasa con sus hijos?

Noté cierto tono fatalista. Como si pensase que lo iba a abandonar en una isla desierta.

-Los deja con sus yayas, que los cuidan muy bien.

-¿Hace como con las motos?

-¿Qué?

-Cambia a las personas de sitio, las aparca lejos, para que entren otras.

Reí. Pablito lo hacía todo tan sencillo…

-Sí, hijo, a eso se le llama deformación profesional.

-Tú también.

Me borró la sonrisa de golpe.

-Hiciste lo mismo con mamá.

Dejamos de andar. Mi hijo me miraba en silencio, esperando una respuesta.

-No es lo mismo, Pablo, yo no he dejado aparcada a tu madre.

-Entonces, ¿por qué ya no vives con nosotros?

-Es complicado… Tu madre y yo nos estamos dando un tiempo. Ya sabes que siempre acabamos riñendo, pero en el fondo nos queremos mucho.

Tuve pesadillas. Soñé que perdía a mi mujer y a mi hijo en el parking, y me quedaba con Raúl y su nueva esposa Wendolyn. Cuando les preguntaba si habían visto a mi familia, danzaban a mi alrededor, cantando a ritmo de salsa: yo no se nada, yo no se nada…

He despertado en la soledad de mi apartamento, empapado en sudor. Mañana llamaré a Marta. Por la noche, la llevaré a bailar.

martes 21 de abril de 2009

Scarlett

Diego nunca tuvo mucho éxito con las mujeres, por eso se emociono tanto con aquella chica del chat. Mientras las demás se alejaban de él y de su fealdad, Paloma se acercó, busco ese enlace, un enlace virtual, pero un enlace al fin y al cabo.
Diego dudaba, todos lo hacemos de vez en cuando, pero él lo hacía con razón. Paloma no le había visto la cara, y puede que si la viese se alejase de él, como las demás.
Después de repetirle una y otra vez que su Webcam estaba estropeada, tuvo que ceder y enviarle una foto, suya no, de Tom Cruise.
A Paloma nunca le importó que Diego, ese chico del chat, fuese guapo o no, de hecho ella era bastante fea. Pero cuando él le mando su foto, madre mía, que foto… Ella tuvo dudas. ¿Podría, de verdad, quererla un chico tan guapo? Los guapos solo se enamoran de las guapas, es ley de vida. Por eso le mando la foto de Scarlett Johansson, y por eso él le mando una respuesta inmediata: quiero verte.

En la puerta de la estación se reconocieron al instante. Diego sabía que la chica de las gafas de pasta y el pequeño bigote era Paloma/Scarlett, y Paloma sabía que el chico de la sonrisa alambrada y la cara como una paella era Diego/Tom. No sabría deciros el cómo, pero lo sabían, que más da, lo que importa es los pelos del labio de Paloma se agitaron como una oruga, acariciada por el aparato de Diego, en el beso más feo, y el más bonito.
Años después, Diego dejó a Paloma sola y con un hijo, un hijo que no podía ser suyo, con esa cara de actor de actor de Hollywood y esos ojos tan bonitos, tan azules. Tan de Scarlett.

martes 14 de abril de 2009

Hamelín

Hace mucho tiempo, en la próspera ciudad de Hamelín sucedió algo muy extraño: una mañana, los ratones vieron que cientos de vagabundos rebuscaban en sus bien provistos cubos de basura y dormían en sus callejones.

Ninguno sabía cual era la causa de tal invasión y, ni mucho menos, la forma de acabar con la plaga. Por más que intentaban ahuyentar a los hombres cada vez había más gente en la calle.

-Será la crisis –dijo el ratón más sabio –deberíamos invertir en infraestructuras y obras sociales para aumentar el índice de empleo.

Los demás ratones, que no sabían nada de economía, decidieron premiar al que encontrase una solución con cien monedas de oro, o en su defecto con un Camembert algo rancio.

Al poco se presentó un ratón flautista, desgarbado y taciturno y les dijo:

Las monedas, o el queso en su defecto, serán mías. Está noche no quedará una sola persona en Hamelín.



Y dicho esto, el flautista comenzó a pasear por los callejones y, mientras paseaba, tocaba con su flauta una maravillosa melodía que hechizaba a los humanos.

Y así, caminando y tocando, los llevo muy lejos de la ciudad, por donde pasaba un caudaloso río. Al cruzar el río los hombres le seguirían y morirían ahogados, esa era la idea.

Pero las cosas no siempre marchan según lo planeado: el pobre flautista se hundió nada más entrar en el cauce, en cambio, a las personas, el agua apenas les refrescó los tobillos.

En que estaría pensando…